Si la mayor parte de personas que se han ocupado del calendario y de la pervivencia de fiestas, nuevas o viejas, entre semana, han estado y están de acuerdo en la conveniencia de substituir el azar por el sentido común, ganando terreno el partido de los que querríamos concentrar en los lunes cualquier tipo de celebración, como se ha hecho en otros lugares, resulta sorprendente constatar que un país en crisis como el nuestro esté hoy a punto de culminar unas mini-vacaciones de cinco días.
Una de las fiestas que la Iglesia Católica Romana defiende en España con mayor rotundidad es la de hoy, la Inmaculada Concepción. El mito, el dogma, la creencia o la devoción se hallan en el origen de la misma, aunque resulte curioso constatar que poquísima gente conoce su significado. El tema fue objeto de debate durante siglos y, sin ir más lejos, Orígenes o Tomás de Aquino -y toda la escuela dominica- negaron que tuviera vigencia alguna. Fuera de la Iglesia, resulta ilustrativo leer a Mark Twain (Reflexiones contra la religión, Trama, Madrid, 2001, págs. 24-25) que sitúa los antecedentes de la cuestión en el hinduísmo y en la figura de Krishna.
El mito se ha utilizado durante siglos contra la libertad de pensamiento y contra la libertad de la ciencia. En 1497 la Universidad de París estableció como condición para obtener el doctorado el juramento de defender para siempre que la Santísima Virgen fue concebida sin pecado. Lo mismo hicieron las universidades de Colonia (1499), Maguncia (1501) y Valencia (1530). En España, incorporaron entre sus rituales un juramento similar las universidades de Sevilla, Granada, Alcalá, Santiago, Zaragoza, Toledo, Baeza, Valadolid, Barcelona, Salamanca, Oñate, Huesca, Osuna, Oviedo y Sigüenza. En otros países, Bolonia, Nápoles, Colonia, Viena, Lovaina, México, Lima,… Los profesores de la Universidad de Coimbra prestaron el juramento de defender la inmaculada concepción de María en 1646 y, a partir de entonces, los estudiantes quedaron obligados a hacerlo para graduarse. El dogma de la Inmaculada Concepción no fue declarado por Pío IX hasta el 8 de diciembre de 1854 -como se recuerda cada año desde el balcón de la antigua Embajada de España ante los Estados Pontifícios, hoy ante la Santa Sede-, sobre la conocida argumentación de Duns Escoto en la Sorbona: Potuit, decuit, ergo fecit. No puedo dejar de notar que si alguien creyera en un Dios omnipotente que hace todo lo que conviene, una persona con tal convicción se hallaría ante insuperables dificultades para comprender la Historia de la Humanidad…
En los años cuarenta del siglo pasado, el rector Enrique Luño Peña -como cuenta Alberto Oliart en sus memorias- obligaba a los recién licenciados a jurar en el acto de graduación este dogma, bajo el cuadro de la Inmaculada que desde entonces preside el Paraninfo de la Universidad de Barcelona, en cuyo testero vino a substituir a la efigie del Rey o de la Reina, circunstancia en la que nos hallaremos hasta que alguien se dé cuenta de que el catolicismo ya no es una religión de Estado.
La fiesta se celebra el 8 de diciembre por ser éste el día de la proclamación del dogma, pero las iglesias siria y caldea lo hacen el 9 de diciembre, como los armenios, los etíopes, el 7 de agosto; y los católicos coptos, el 10 de diciembre.
En España, la absurda y contraproducente coincidencia de dos fiestas separadas por un solo día laborable, podría resolverse -mientras no se trasladen todas las conmemoraciones al lunes-, mediante la celebración de la Inmaculada Concepción por la Iglesia Católica el 6 de diciembre, perfectamente posible, si, como se ha visto, la fecha no parece más que un accidente histórico, que no goza de aceptación universal. A mayor abundamiento, el 8 de diciembre es un día laborable, como mínimo, en México, Australia, Francia, Alemania, Grecia, el Reino Unido y muchos otros países, por lo qe no parece que hubiera de tener la menor trascendencia su supresión del calendario oficial.


6 comentaris
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9 desembre 2010 a 11:07 am
Gloria
Querido hermano, me encanta tu blog!!
Normalmente cuando un tema está de actualidad por el motivo que sea y es de mi interés, cuando llego al despacho por las mañanas y abro el correo me encuentro con un mensaje de tu blog que me anuncia que tu ya has escrito sobre eso.
Ayer le decía a Eusebi que probablemente tu y yo éramos de los pocos laicos que conocen el correcto significado de la IC. La mayoría de los católicos cuando les preguntas sobre ello te dicen muy convencidos que tiene que ver con la intervención del Espíritu Santo en la “milagrosa”concepción de Jesus. Me facina esa respuesta tan habitual porque o bien denota un total desconocimiento de la etimología de Inmaculada o bien ven algo sucio en el modo en que nuestra naturaleza
perpetua su especie.
El potuit, decuit ergo fecuit del bueno de Duns Scoto, se lo podría aplicar el gobierno y racionalizar las fiestas de una vez. ¿tanto miedo le tienen a la Iglesia que no pueden ni cambiar de dia una fiesta que ni siquiera es universal en el mundo católico y que la mayoria no saben ni lo que se celebra????
9 desembre 2010 a 3:13 pm
Joan F. Pont
Querida hermana, me encantan tus comentarios!
Le recomendaré la lectura de Duns Scoto a algunos amigos…
9 desembre 2010 a 5:20 pm
Toño
¡Anda, qué bien! Sobre el mismo tema y con la misma tesis blogueé yo mismo ayer:
http://lacomunidad.elpais.com/tonyo/2010/12/8/se-nos-va-hacer-larguisimo-primer-trimestre
Y también estoy de acuerdo en que casi todo el mundo está equivocado sobre lo que se celebra:
http://www.delbarrio.eu/2006/12/por-qu-es-fiesta-hoy.htm.
Tiene razón Gloria que pocos laicos lo conocen, pero creo que es aún mayor la proporción de católicos. A éstos no les importa para nada los detalles, siempre que se lo haya dicho su Iglesia.
Por otra parte, el primer trimestre se nos va a hacer larguísimo…
Felicidades por el blog; va directo al RSS
13 gener 2011 a 10:27 pm
Rafael
El discurso sobre las fiestas religiosas y lo que nos quitan es tan reiterado como el goteo de su difusores. Puestos a quitar, quien escribe y se pregunta desde la aconstitucionalidad, porqué tengo que soportar el día 6 de Diciembre festivo, o el 12 de Octubre, ó ups el 11 de Septiembre … Seguimos, de pronto seria más universal celebrar el cumpleaños de Martin Luther King, de Ghandi y del fabuloso Pere Tarres. Puestos a ofrecer alternativas pues pongámonos a ellas, no¡¡. Por cierto, y durante el verano, porqué no se cambia el calendario escolar, ilustre cátedro. O los réditos en la Menendez Peleyo, merece no meneallo ? ¿O también es un problema de calendario “pio”?.
13 gener 2011 a 10:28 pm
Rafael
El discurso sobre las fiestas religiosas y lo que nos quitan es tan reiterado como el goteo de su difusores. Puestos a quitar, quien escribe y se pregunta desde la aconstitucionalidad, porqué tengo que soportar el día 6 de Diciembre festivo, o el 12 de Octubre, ó ups el 11 de Septiembre … Seguimos, de pronto seria más universal celebrar el cumpleaños de Martin Luther King, de Ghandi y del fabuloso Pere Tarres. Puestos a ofrecer alternativas pues pongámonos a ellas, no¡¡. Por cierto, y durante el verano, porqué no se cambia el calendario escolar, ilustre cátedro. O los réditos en la Menendez Peleyo, merece no meneallo ? ¿O también es un problema de calendario “pio”?.
13 gener 2011 a 10:35 pm
Joan-Francesc Pont i Clemente
Rafael: mi propuesta de concentrar las fiestas en los lunes creo que puede, fácilmente, concordar con la suya, porque los lunes festivos servirían para que cada ciudadano o cada comunidad aprovechara para situar sus conmemoraciones. Se superarían así discusiones como las que sugiere. Entre nosotros: de los tres personajes que cita el que me cuesta más es Pere Tarrés. He leído sus diarios íntimos, publicados por su causa de beatificación, y le invito a hacer lo propio y que volvamos a hablar. No veo inconveniente tampoco en aplicar criterios de racionalización al conjunto del calendario escolar.