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De l’homilia d’avui d’un teòleg catòlic respectat:

“Està demostrat  que l’evangeli de Marc s’acaba en el capítol 16 verset 8. Per tant, Marc 16, 9-20 són conclusions afegides molt més tard. Així ho demostren els codis més autoritzats. No se sap quan es van afegir aquestes conclusions al seu evangeli. Aquest relat, per tant, no és autèntic.

Vol ser una exaltació  del cristianisme que ens el presenta com: l’única religió que salva; com la religió universal i única; com la religió que té poders sobrehumans, ja que ni la malaltia, ni les serps, ni el verí poden fer mal als seus fidels.”

Si la mayor parte de personas que se han ocupado del calendario y de la pervivencia de fiestas, nuevas o viejas, entre semana, han estado y están de acuerdo en la conveniencia de substituir el azar por el sentido común, ganando terreno el partido de los que querríamos concentrar en los lunes cualquier tipo de celebración, como se ha hecho en otros lugares, resulta sorprendente constatar que un país en crisis como el nuestro esté hoy a punto de culminar unas mini-vacaciones de cinco días.

Una de las fiestas que la Iglesia Católica Romana defiende en España con mayor rotundidad es la de hoy, la Inmaculada Concepción. El mito, el dogma, la creencia o la devoción se hallan en el origen de la misma, aunque resulte curioso constatar que poquísima gente conoce su significado. El tema fue objeto de debate durante siglos y, sin ir más lejos, Orígenes o Tomás de Aquino -y toda la escuela dominica- negaron que tuviera vigencia alguna. Fuera de la Iglesia, resulta ilustrativo leer a Mark Twain (Reflexiones contra la religión, Trama, Madrid, 2001, págs. 24-25) que sitúa los antecedentes de la cuestión en el hinduísmo y en la figura de Krishna.

El mito se ha utilizado durante siglos contra la libertad de pensamiento y contra la libertad de la ciencia. En 1497 la Universidad de París estableció como condición para obtener el doctorado el juramento de defender para siempre que la Santísima Virgen fue concebida sin pecado. Lo mismo hicieron las universidades de Colonia (1499), Maguncia (1501) y Valencia (1530). En España, incorporaron entre sus rituales un juramento similar las universidades de Sevilla, Granada, Alcalá, Santiago, Zaragoza, Toledo, Baeza, Valadolid, Barcelona, Salamanca, Oñate, Huesca, Osuna, Oviedo y Sigüenza. En otros países, Bolonia, Nápoles, Colonia, Viena, Lovaina, México, Lima,… Los profesores de la Universidad de Coimbra prestaron el juramento de defender la inmaculada concepción de María en 1646 y, a partir de entonces, los estudiantes quedaron obligados a hacerlo para graduarse. El dogma de la Inmaculada Concepción no fue declarado por Pío IX hasta el 8 de diciembre de 1854 -como se recuerda cada año desde el balcón de la antigua Embajada de España ante los Estados Pontifícios, hoy ante la Santa Sede-, sobre la conocida argumentación de Duns Escoto en la Sorbona: Potuit, decuit, ergo fecit. No puedo dejar de notar que si alguien creyera en un Dios omnipotente que hace todo lo que conviene, una persona con tal convicción se hallaría ante insuperables dificultades para comprender la Historia de la Humanidad…

En los años cuarenta del siglo pasado, el rector Enrique Luño Peña -como cuenta Alberto Oliart en sus memorias- obligaba a los recién licenciados a jurar en el acto de graduación este dogma, bajo el cuadro de la Inmaculada que desde entonces preside el Paraninfo de la Universidad de Barcelona, en cuyo testero vino a substituir a la efigie del Rey o de la Reina, circunstancia en la que nos hallaremos hasta que alguien se dé cuenta de que el catolicismo ya no es una religión de Estado.

La fiesta se celebra el 8 de diciembre por ser éste el día de la proclamación del dogma, pero las iglesias siria y caldea lo hacen el 9 de diciembre, como los armenios, los etíopes, el 7 de agosto; y los católicos coptos, el 10 de diciembre.

En España, la absurda y contraproducente coincidencia de dos fiestas separadas por un solo día laborable, podría resolverse -mientras no se trasladen todas las conmemoraciones al lunes-, mediante la  celebración de la Inmaculada Concepción por la Iglesia Católica el 6 de diciembre, perfectamente posible, si, como se ha visto, la fecha no parece más que un accidente histórico, que no goza de aceptación universal. A mayor abundamiento, el 8 de diciembre es un día laborable, como mínimo, en México, Australia, Francia, Alemania, Grecia, el Reino Unido y muchos otros países, por lo qe  no parece que hubiera de tener la menor trascendencia su supresión del calendario oficial.

Article publicat avui a EL PERIÓDICO, versió catalana:

http://elperiodico.cat/ca/noticias/societat/20101105/respectuosament-total-desacord/578417.shtml

 

Artículo publicado hoy en EL PERIÓDICO, versión castellana:

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/20101105/respetuosamente-total-desacuerdo/578417.shtml

Le mercredi dernier, 1er septembre, comme annoncé, j’ai participé à Vichy au colloque international organisé par le Grand Orient de France sur l’Antimaçonnisme. Voici le texte de mon intervention.

VICHY 2010

Chroniques d’Histoire Maçonnique, “L’antimaçonnisme en Europe”, Institute d’Études et de Recherches Maçonniques, 67, 2011, pp. 26-31.

Planeta. Barcelona, 2008.

L’autor es colombià i va néixer l’any 1964. Amb la seva novel·la ha estat finalista del Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2008. El llibre, escrit amb el bell castellà del seu país, descriu amb pulcra senzillesa la història particular d’un home perdut al laberint del fanatisme religiós i de la seva sortida de la foscor. Presoner de si mateix –per fugir no ha de fer res més que obrir una porta, però per obrir la porta ha de ser capaç de pensar pel seu compte…-, el protagonista lluita per desaprendre el cúmul de mites i llegendes que des dels catorze anys i mig han anihilat la seva consciència. Potser la pitjor de les tortures que el catolicisme ha extès (i ha explotat en benefici propi) des de la Contra-reforma, el complex de culpa, el manté immobilitzat i incapaç de saber cap a on ha d’orientar-se, quin projecte o itinerari seguir. A l’interior de la respectable institució catòlico-romana a la que ha consagrat la seva vida, l’obediència com a mètode, el dolor físic com a succedani del plaer,  l’abús de la química per ser reduït a un estat de submissió, l’allunyament forçat del seu pare, bohemi, laic i lliurepensador, la repressió sexual acompanyada d’ocultes transgressions mercenàries –mai greus, si ningú les coneix, si s’evita l’escandol-,  el culte de la personalitat del fundador… defineixen els trets d’una vida a la que li han extirpat la poesia. Fora del que l’autor anomena la Congregació, la llum de Cartagena de Indias és el símbol del retrobament amb l’ humanisme, la reconciliació amb el pare, la descoberta de l’Anna, però sobretot, la recuperació de l’autonomia moral, de l’autodeterminació individual que és el centre vital de l’ésser humà.

No és un tractat científic, sinó una novel·la, però es desprenen d’ella un munt de suggeriments  per a la reflexió sobre els perills que amenacen a la llibertat. Dins i fora de les religions del Llibre, a algunes institucions conegudes i a un munt de grupets desconeguts, la maldat i l’interès de certs individus atrau cada dia a conciutadans nostres que deixen, parcialment o total, progressivament o d’un cop, de ser ells. Abandonen la Raó per refugiar-se sense saber-ho en la sujecció al que Alan Watts anomenava els gurus tramposos. Impedeixen a la Raó, la representada pels seus familiars, amics o amants, per refugiar-se en un catecisme mal après de solucions pre-cuinades a major glòria del cap al que segueixen. Creuen que el que ara posseeixen es tan bo que tothom té dret a compartir-ho i es llencen a un proselitisme agressiu i desvergonyit. Arriben a sacralitzar aquest desvergonyiment i a fer-ne ostentació.

Per un cop, un al·legat anti-sectari, que va molt més enllà del cas concret, de lectura atractiva, un missatge alliberador al voltant de la substitució de la por a l’ infern per la comprensió de que l’ infern era el món autodestructiu al que l’havien conduit els seus ideals d’infantesa.

Murió anoche, cerca de los noventa, un sacerdote que fue mi profesor de Religión en tercero de bachillerato, que en el sistema entonces vigente correspondía, mayoritariamente, a los trece años de edad. Fue, por tanto, en el curso académico 1969-1970. Religión en la España de Franco no había más que una, como es notorio,  dado que la tardía Ley de 1967 de libertad religiosa fue un apaño, aunque concediera a los llamados cultos disidentes un cierto respiro, y el manual escrito por mi profesor, que conservo en la biblioteca del Mas Lilou, lleva el mismo título que todos los demás manuales publicados aquel año para tercero: En el camino de Jesucristo. El cuestionario oficial había sido aprobado mediante la Orden Ministerial de 4 de septiembre de 1967, un instrumento jurídico civil plagado de citas de la declaración conciliar sobre la educación cristiana. El ministro del ramo era Manuel Lora-Tamayo. El objeto de la asignatura, según la mencionada Orden de Lora-Tamayo era ir educando para una vida inspirada totalmente por el espíritu evangélico, subrayar el carácter vital de la enseñanza religiosa y alentar a una acción apostólica, con un lenguaje religioso encarnado (sic), para tener la garantía de que se asegurará ante todo, la transmisión vital del Mensaje básico de la Buena Nueva de Salvación.

En el marco meramente formal del cuestionario oficial, el profesor incluía otros mensajes,  que ya no serían básicos, sino “de texto articulado”, por decirlo de alguna manera, cuyos destinatarios éramos niños de trece años a los que insistía con reiteración “estudiad los recuerdas” (las frases-resumen de cada lección, cuyo contenido, probablemente hubiera escandalizado al propio y poco sospechoso Lora-Tamayo), del siguiente tenor: comprendan la excelencia mayor de la virginidad consagrada a Cristo, de suerte que con la donación total de cuerpo y alma se entreguen al Señor (pág. 211), pero la família de sangre no puede ser obstáculo para el cumplimiento fiel de la misión santa señalada por Dios (pág. 81), sin mortificación no hay humildad, y sin humildad, ¡qué difícil es amar! (pág. 120) y ¡cuántas cuestiones de fe son problemas de confesionario! (pág. 152).

En suma, el cuestionario era tremendo, pero el desarrollo era desgarrador. Generaciones enteras de ciudadanos educados bajo el franquismo, un régimen de simbiosis total entre el Estado dictatorial y la Religión oficial de ese Estado, fueron educadas por imperativo legal, no por decisión expresa de sus padres, no se olvide este dato esencial, en una forma de entender la religión -la religión única, además- absolutamente superada desde Lutero, apóstol del libre examen, y perfectamente extraña para la mayor parte de los creyentes en la actualidad.

 

invitation colloque 1er septembre 2010 à Vichy

Mercredi 1er septembre 2010 de 14h30 à 18h00
Auditorium Eugénie – Centre des Congrès
19, Rue du Parc – 03200 VICHY
GRAND ORIENT DE FRANCE
16, rue Cadet – 75009 PARIS – FRANCE

El programa televisivo del miércoles no podía, por su propio formato, contribuir en absoluto a un diálogo sereno sobre la cuestión de los abusos sexuales de una parte del clero católico-romano sobre los menores a su cargo, aunque sí resultó ilustrativo de la sensibilidad popular y, sobre todo, de las respuestas que los fieles están construyendo sobre una cuestión que pone en jaque su confianza en la Iglesia. No deseo dedicarle mucho tiempo a comentar esta cuestión, porque los librepensadores enseguida somos tachados de anticlericales, y porque la solución llegará de la ciudadanía católica, cada vez más comprometida con la democracia y más alejada de una jerarquía reticente con cualquier intromisión de los poderes públicos en la vida interna de la Iglesia, aun en temas que son materia del Derecho penal.

Pero sí quiero definir algunos trazos de mi pensamiento:

1.- El argumento principal esgrimido por muchos católicos para relativizar el problema -desde posiciones bienintencionadas de jóvenes militantes de organizaciones cristianas hasta el fundamentalismo que caracteriza a Josep Miró- es que los abusos sexuales también se dan fuera de la Iglesia. Uno de los participantes en el programa de TV3 llegó a invocar la paidofilia como una práctica habitual en Grecia y Roma. Un portavoz vaticano propuso no hace mucho tiempo distinguir entre paidofilia y efebofilia, para apuntar que la conducta de los clérigos imputados suele corresponder a este último concepto y no al primero. Todo esto son excusas de mal pagador.

2.- Nuestro Código penal vigente sirve de guía clara para la comprensión del fenómeno de los abusos sexuales de un clérigo sobre un feligrés que está de alguna forma a su cargo, como profesor, superior, confesor, director o consejero: las agresiones sexuales, los abusos sexuales, el acoso sexual merecen una pena reforzada cuando  ”la víctima sea especialmente vulnerable, por razón de su edad, enfermedad o situación, y, en todo caso, cuando sea menor de trece años” (art. 180.1.3ª), “el consentimiento se obtenga prevaliéndose el responsable de una situación de superioridad manifiesta que coarte la libertad de la víctima” (art. 181.3), “… prevaliéndose de una situación de superioridad laboral, docente o jerárquica, o con el anuncio expreso o tácito de causar a la víctima un mal relacionado con las legítimas expectativas … en el ámbito de la indicada relación” (art. 184.2). El prevalerse de la autoridad para obtener un resultado de carácter sexual es la circunstancia que origina un rechazo más intenso de la conducta por la conciencia social. Este era el significado de la antigua figura del estupro.

3.- El catolicismo romano genera relaciones de especial sujeción en muy diferentes escenarios: los conventos, los seminarios, ciertos colegios, determinadas parroquias, los confesionarios, las congregaciones o entidades análogas llamadas de vida consagrada, en algunos de los cuáles, sobre todo antes del Concilio Vaticano II, se produce una sumisión total a la autoridad. El fiel se halla en estos casos inmerso en una institución global de la que no obtiene tregua ni descanso, porque la obediencia se lleva hasta el extremo de la anulación de la libertad de conciencia y de la autonomía de la voluntad. Los recientes descubrimientos sobre las prácticas de los Legionarios de Cristo, más allá de los crímenes de Maciel, ponen de manifiesto que perviven todavía algunos viejos comportamientos clericales como la censura de la correspondencia y de las lecturas, la incomunicación, la separación de la familia, la represión de los afectos,  los castigos corporales auto infligidos y la completa anulación de la propia identidad. En esta atmósfera, los abusos sexuales son uno de los corolarios posibles de la deshumanización provocada en nombre de una concepción totalitaria de la religión.

4.- Los abusos sexuales entre un clérigo y su pupilo no son, por tanto, unas conductas comparables a las que pueden darse fuera de la institución global en la que la víctima se halla prisionera física o moralmente. Los escenarios de represión que he descrito, los que existieron masivamente en el pasado y los que no han sido todavía erradicados, son lugares proclives a las conductas criminales analizadas. En mi opinión, no es el celibato el problema, sino el poder exorbitante de los superiores que se produce en las instituciones globales. En TV3, Ignacio Salvat, S.I., estuvo expresamente de acuerdo conmigo en este punto, al identificar los abusos sexuales como un problema de poder. Por tanto, no sólo los abusos cometidos al socaire de una autoridad religiosa son más graves que los otros abusos, sino que la Iglesia misma no está exenta de responsabilidad por culpa in vigilando y por haber alumbrado en su seno modelos de vinculación con los fieles basados en el vasallaje de las conciencias.

5.- El catolicismo romano en los países que considera propios, en los reinos de la Contrarreforma, para entendernos, sólo acepta la república -es decir, la independencia del poder civil y la fuerza vivificadora de la democracia- a regañadientes. En el resto del mundo, es más abierta. Pero en todas partes, en aquéllas más que en éstas, quiere reservarse una inmunidad de jurisdicción. Esta es una de las razones, en otro orden de cosas,  por las que ha combatido la regulación civil del matrimonio. Hasta ahora ha tratado de evitar que los crímenes perpetrados tras sus muros fueran juzgados por los tribunales ordinarios y ha practicado, por tanto,  el encubrimiento como doctrina. Esto explica el terrible silencio que ha protegido a los clérigos pederastas. La república, en consecuencia, no puede seguir admitiendo exenciones al ordenamiento jurídico general y ha de observar vigilantemente cuanto sucede en los ámbitos susceptibles de restringir el ejercicio de la libertad.

Anit “Banda ampla” a TV3, un programa d’entreteniment típic de la televisió- espectacle: píndoles d’idees barrejades i dissoltes en aigua fins a la buidor, amb noranta persones heterogènies i un format impossible. Els lliurepensadors, com sempre, en minoria, amb l’ajut de la gent d’Església més clarivident, com Ignasi Salvat, S.I. Sorprenentment, els catòlics madurs accepten els crims comesos per una porció de capellans i religiosos i demanen, amb més o menys claredat, la sujecció de l’Església a l’ordenament civil mentre que els militants més jovenets fugen d’estudi. No torno a la TV si no m’ofereixen un debat llarg, a la francesa, ni que sigui de matinada…

Un reciente comentario en este cuaderno  sobre la descripción literaria de Dios en el Libro ha generado algunas reacciones verbales de tristeza o de rechazo. Quisiera aclarar que cualquiera de mis opiniones sobre esta materia se refiere a lo que han escrito los hombres. El dios que cada uno albergue en su corazón, el de Pascal, por ejemplo, sólo merece mi respeto. Mi crítica de las religiones deja siempre a salvo las creencias individuales que no pretendan imponerse a las otras.

Como librepensador, he escrito en alguna ocasión, creo que las promesas de salvación inmortal o las amenazas de condena eterna son elementos profundamente distorsionadores de la libertad de conciencia. En primer lugar, porque alejan –enajenan, incluso- a hombres y mujeres de la realidad del día a día y de sus preocupaciones, de sus grandezas y miserias, de sus alegrías y tristezas para envolverlos en sueños o pesadillas de ultratumba. La vida merece experimentarse en su plenitud, porque es nuestro bien más preciado que no resulta lógico malgastar. En segundo lugar, la alienación religiosa es una exclusa para soportar la situación actual, sea la que sea, aun la más amarga, sin ímpetu ni ilusión por la reforma o la rectificación de las injusticias. El librepensador se enfrenta a las cosas como son, sin paliativos, y esto constituye para él un estímulo para el progreso y una razón para el compromiso social.

Me gustaría que mis lectores entendieran que mi crítica se dirige a las religiones dogmáticas, como he cuidado de remarcar, y no a las manifestaciones de religión liberal. El concepto de religión liberal es prácticamente desconocido en España, a pesar de que contamos con una rica tradición propia representada por el krausismo, que ha estado, además, notablemente presente en los talleres masónicos hasta la guerra civil de 1936-39.

Es muy difícil que el catolicismo se aproxime a los valores de la religión liberal, precisamente por el carácter central que en él ocupa la heteronomía moral, la obediencia al director espiritual, al superior o al confesor. Es innegable que el Cardenal Vicente Enrique y Tarancón (1907-1994) fue un personaje clave durante nuestra transición política, con un planteamiento de estricta separación entre la Iglesia y el Estado, heredado de John Henry Newman (1801-1890) y valientemente expresado en momentos clave como en el discurso de la coronación de Juan Carlos I el 27 de noviembre de 1975 (la Iglesia no patrocina ninguna forma de ideología política) o en el de aceptación del grado de doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Valencia unos meses antes de morir, sobre la posibilidad de una ética civil. Nótese que en ambas cuestiones Tarancón expresó un parecer directamente opuesto al de Rouco Varela en la actualidad. Pero contrariamente a Newman que antes de ordenarse como clérigo anglicano y de su posterior conversión al catolicismo fue profesor en Oxford y se aproximó al liberalismo teológico de la Broad Church, Tarancón no cuestionó jamás la ortodoxia, no experimentó o no dejó entrever las crisis asociadas a la búsqueda individual de la trascendencia.

No puede, sin embargo, sostenerse la imposibilidad absoluta de que los católicos, individualmente o en grupo, progresen hacia la religión liberal. No es fácil, como he dicho, entre otras cosas por la afición al anatema de la estructura eclesiástica. Roma locuta, causa finita. Me explica mi amigo Emili Echeverría que hay en Cataluña, por ejemplo,  grupos católicos que no escatiman esfuerzos para construir nuevos espacios espirituales en los que sea posible decir que mientras tengamos vida, tenemos la oportunidad de cambiar nuestros hábitos, de procurarnos una existencia de calidad, de aprovechar y de gozar de cada aliento y de cada latido de nuestro corazón, grupos que han abandonado los dogmas tristes de ultratumba, para compartir la alegría en la inspiración de las obras de otras personas, no importa su credo, como Pablo Neruda o Mahatma Gandhi. Es la gente que no sintonizaba la COPE arrastrada por los índices de audiencia de ciertos personajes dedicados a convertir el extremismo en un negocio, que, aun respetándole, no aplaude al Papa histéricamente en los estadios, y que lee cada semana las homilías de Lluís Vila, OFM, quizás el exponente de cristianismo liberal más lúcido de nuestro país en este momento.

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