Señor Director de LA VANGUARDIA,

 

Leo con asombro la carta de don Luis Picas Jufré el 21 de marzo con el título “inactividad universitaria”. Mi asombro se debe a ver reflejados en esa carta los argumentos típicos de la mayoría silenciosa estudiantil, que contempla impávida el decurso de los acontecimientos, que asiste a las Facultades y Escuelas a preguntar “si hay clases”, que protesta vaga y tímidamente, si lo hace. Ya era hora de que algún miembro de esa “mayoría silenciosa” se decidiera, por lo menos, a escribir. Pero en la carta del compañero se desliza esa actitud timorata de la esperanza “en mejores tiempos”. El amigo Luis olvida que ya no es tiempo de lamentaciones jeremíacas. Que los mejores tiempos no vienen por arte de magia. Es momento de construir. Si la universidad está dominada por unas minorías organizadas no representativas (que es la antítesis de la democracia que propugnan) es porque el resto de los estudiantes prefiere pasar los días en la biblioteca, en el bar o en las pistas de Baqueira. No juzgo su actuación… pero, luego, que no se quejen. La Universidad está experimentando un proceso democratizador irreversible, pero a él son ajenos la casi totalidad de los alumnos. Entonces, ¿qué democracia es ésta?

 

Señor Director, nada más lejos de mi intención, sin embargo, que atacar hoy y ahora a esos que llamamos “grupos organizados”, públicamente conocidos y oficiosamente semitolerados. Ellos lluchan por sus ideales -y en eso son admirables- y contribuyen al cambio social; lo que quiero es hacer una llamada a todos los demás que sentimos la universidad como nuestra: una llamada a la organización, una llamada a la actuación pública, superando la pereza mental, una llamada -en fin- a constituir asociaciones universitarias representativas. Con éstas y con las que ya existen, sin excluir a nadie, el panorama universitario dejaría de ser monocolor, y esos grupos permitirían un verdadero diálogo democrático, superador de la alienación de las manipulaciones minoritarias. Eso queremos todos, pero nadie se explica -como el amigo Picas- la razón de la actual situación. Quizás es que haya que hablar menos…

 

[Carta publicada en LA VANGUARDIA el 10 de abril de 1975, cuya pista había perdido completamente, y que me remite Luis Picas el 11 de febrero de 2009!!!]