Los jóvenes de los años sesenta nos enseñaron la capacidad de resistencia contra la dictadura de la técnica: denunciaron y atacaron el respeto a la aristocracia, el tabú del anticomunismo, el trabajo en cadena, la sociedad de consumo, la religión formalista, el Dios inventado por la burguesía (…) A los que entonces teníamos pocos años nos han enseñado a ser críticos y a manifestarlo, a dudar de lo establecido, a cuestionar lo que se nos impone como dogma (…) Hemos aprendido a dialogar y quemado a la Inquisición.