Fui hace unos días a la charla de André Piettre sobre el marxismo en el IESE. Un público formado, básicamente, por empresarios. El  profesor Piettre me parece envejecido:   se deshace en tópicos gastados  sobre Marx y pretende reducir la crítica de Marx y del marxismo  a la crítica de toda la plasmación política posterior del marxismo-leninismo. Los asistentes coadyuvan con sus preguntas al ambiente general de infantil hostilidad. Levanto la mano y en mi pregunta cito un artículo de Rafael Calvo Serer en Le Monde y su afirmación de que los comunistas lucharon una vez contra el totalitarismo -en Francia, en Italia-, lo que constituye un precedente de que pueden volver a hacerlo, favoreciendo con ello la construcción de la democracia. A nadie puede negársele ese derecho y, quizás, hacerlo signifique beneficiar a los tiranos. Se produce un silencio sepulcral. Francisco Sanllehí, el secretario general, me mira atónito. Piettre parece molesto y me contesta, tajante, en términos de visceral antimarxismo.