M.I.G.  me escribe el 11 y encabeza la carta con un Mi amado “Bazárov”. Dejando ahora de lado que me está llamando nihilista sin merma de la pasión que transpira, ahora necesito desesperadamente anotar en este Diario la admiración ilimitada que me produce alguien que ha leído Padres e Hijos de Iván Turguéniev a los 23 años. 23 años, ¡la edad que comparto con ella y con Bazárov!