España ha vivido trágicamente aislada del resto de Europa y empieza a vivir ahora ese necesario vínculo con el continente que en el mundo jurídico se instrumenta mediante la recepción del acervo comunitario y en el universitario, a través de la lenta construcción de un espacio europeo de educación superior y de investigación. Este proceso hace que nos reencontremos con la tradición filosófica europea que desde Kant ha propugnado la búsqueda de la paz, el rechazo de la guerra y la federación entre los pueblos. Ni nuestro país ni nuestra universidad son hoy concebibles al margen de una presencia intensa de la idea europea y, desde luego, cualquier planteamiento intelectual serio ha de tomar en consideración la desaparición física y moral de las fronteras.