Madrid, sede de la Bolsa, acto de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Saludo nada más llegar a don Pedro Rodríguez-Ponga y me explica anécdotas de la época en la que él era el Síndico de la Bolsa de Madrid y  mi padre, el Presidente del Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España. Sonríe al contarme que mi padre siempre le decía: me atiendes muy ben, me dices que sí a todo, pero luego no haces nada… Cada uno en su papel, a principios de los setenta, de resistirse o de preconizar, respectivamente, la auditoría de las compañías cotizadas. Don José María Fernández Pirla le pregunta a Rodríguez-Ponga: ¿tú no tienes un hijo en política? Y él responde, con naturalidad: sí, es el Secretario de Estado de Hacienda.

Pepe Barea me explica que fue compañero de oposición de  mi padre y que acaban de operarle una vértebra. Mario Alonso me da un abrazo fuerte, sostenido, y se interroga por la ausencia de mi padre. Raymond Barre despliega un encanto innegable. Diviso a Ubaldo Nieto de Alba y le pongo “cara y ojos” al manual de Estadística de segundo de Empresariales. La secretaria del síndico-presidente me confiesa, bajando la voz, que todo el edificio se halla plagado de símbolos, naturalmente -dice- masónicos. En realidad se refiere al caduceo de Mercurio.

Adornan la sala las banderas de España y de la propia Bolsa. Pero, ¿y la bandera europea o la de la Comunidad de Madrid? Madrid es España y España es Madrid. Lo demás no existe.