Se contraponen y se complementan en el pensamiento de Blaise Pascal (1623-1662) el esprit de finesse y el esprit de géométrie. Una vez más éste es un supuesto de oposición de los contrarios, una constante del actuar humano que, por ejemplo, la francmasonería, oportunamente, simboliza en el pavimento ajedrezado de sus templos. Para mí, la finura es la estética y la geometría, la ética. En particular, concibo el buen gusto como sinónimo de finura, lo que remite a cuanto es delicado y selecto; siguiendo a María Moliner y su imprescindible diccionario, ello implica para las cosas un cuidado exquisito y para las personas, distinción y cortesía. El buen gusto y la buena educación se hallan así indisolublemente unidos, porque conducen a la elegancia, a la suavidad de las formas y a la amabilidad, entre otras virtudes.