He recogido a las diez y media a Juan Guzmán y a su esposa Inés en la Terminal B de El Prat. Han llegado con una razonable puntualidad, aunque cansados del viaje intercontinental en Iberia. Tienen muchísimas ganas de visitar el Museo Picasso y la Fundación Miró y también de volver a recorrer las calles que fueron el escenario en 1970 de su luna de miel. Les he dejado descansar en una de las acogedoras habitaciones del Círculo Ecuestre.

A las nueve de la noche, cenamos en el Ecuestre con los Guzmán Joan Ramon Rodoreda, Edu Rodés, Manel Mor y yo. Con naturalidad, recreamos espontáneamente la atmósfera de nuestras veladas santiaguinas, la combinación entre la serena humanidad del juez y el atractivo personal de Inés.