Guzmán, Cascio y PontJuan Guzmán a l’IL3/Empresarials UB

Andrés Cascio recoge al Juez Guzmán en el Ecuestre, mientras Inés aprovecha para seguir redescubriendo la Ciudad. A las doce nos congregamos en la Sala de Juntas de la Escuela de Empresariales para oír de Guzmán una descripción impecablemente jurídica de los procesos incoados en Chile contra Augusto Pinochet Ugarte. La directora, Esther Subirà, le da una cariñosa bienvenida y Guzmán se interesa por el origen nacional y profesional de los asistentes quienes, en su mayoría, son juristas matriculados en cursos de postgrado y procedentes no sólo de nuestro país sino también de diversos países latinoamericanos, incluido Chile.

Los ochos años dedicados casi exclusivamente a noventa y nueve causas fluyen con naturalidad y discreción, sin afán de protagonismo: vemos al Juez enfrentado a hechos que van apareciendo brutalmente ante él –un cadáver tras otro- y a una parte de la sociedad que le pide que sea ciego, mudo, sordo y manco. Éste creo que fue el principal conflicto que sufrió Juan Guzmán, conflicto que resolvió en la única dirección permitida a un bonus iudex. Pagó por ello un alto precio y los homenajes de estos días intentan ser sólo una expresión de fraternal agradecimiento desde la militancia activa por la ciudadanía.  El coloquio muestra el cariño de los asistentes por el Juez, el agradecimiento de los juristas por su amor a la justicia y a la humanidad y el interés por saber cómo se desarrollaron los procesos y cómo el Juez resolvió en su interior los conflictos que se le planteaban. Guzmán contesta con la sinceridad que el ambiente creado admite. Almorzamos después en la cafetería de la Escuela con algunos de los profesores asistentes: José Manuel Calavia, Joan-Carles Bailach, Maria Dolors Torregrosa, Antonio Travería, Paco Martínez Soria, Andrés Cascio, Andreu Farràs, de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, y yo. La conversación sigue sin solución de continuidad hasta que se hace tarde y Andrés y José Manuel se ofrecen para acompañar a Juan Guzmán a su alojamiento y permitirle descansar. Pero cuando pasamos por delante del Aula 10, con más de cien alumnos bajo la batuta de Eduardo Resbier, Dolors, Andrés y el Juez son invitados a dirigir unas palabras, que son correspondidas con aplausos sinceros de solidaridad y de admiración. La improvisación sigue siendo una fuente de buenos momentos.