No puedo cerrar los ojos aunque ya hace una hora que me he metido en la cama. Tengo esa sensación de felicidad que sólo se experimenta ocasionalmente aquellos días en los que algo o alguien ha conseguido despertar sentimientos afectivos tejidos de alguna novedad o descubrimiento. Esto es lo que ha ocurrido hoy y ha tenido un momento muy especial cuando en el after dinner speaking, tan a menudo formulario, Juan Guzmán nos ha llamado a todos hermanos y hermanas, ha expresado su chilenidad abierta hacia la hispanidad y en ella a la catalanidad, y ha confesado con un tono de voz que no admitía dudas que éste era uno de los días más felices de su vida. Carod-Rovira lo tenía difícil después del clímax, pero ha ejercido su tarea de anfitrión con suma elegancia, agradeciendo en la persona del Juez la acogida generosa en 1939 a los exiliados catalanes del Winnipeg, entre quienes figuraban Ferrater Mora i Pere Quart. La cena ofrecida por la Generalitat de Catalunya en el Palau Reial de Pedralbes ha tenido el ambiente que me gusta imprimir a las celebraciones. La cuidadosa colocación de los invitados en las mesas, cuando aciertas, produce un efecto inmediato: ¡la gente se lo pasa bien!