El profesor Estapé publica en La Vanguardia  de ayer, 2 de marzo de 2008, un artículo titulado “El destierro de la facultad” en donde mezcla confusamente el cierre de la Universidad de Barcelona en 1717 y la creación consiguiente de la Universidad de Cervera, la reanudación de las actividades de la Universidad de Barcelona en 1837 y la ubicación provisional de la Facultad de Económicas de la UB en la Escuela de Altos Estudios Mercantiles en una fecha que no menciona.

El incidente del “exilio” de la Facultad de Económicas, obligada por razones políticas a salir de Plaza Universidad, para albergarse en Pedralbes, como le había ocurrido por razones idénticas a la Facultad de Derecho en 1958, y que Estapé no sabe datar, se produce en octubre de 1962. No menciona Estapé que el edificio de la Escuela de Altos Estudios Mercantiles se había inaugurado el 25 de noviembre de 1961: “semejante edificio casi sin alumnos”, en las despreciativas palabras de Estapé, ¡hacía menos de un año que había entrado en funcionamiento! Poca oportunidad tuvo la Escuela, por tanto, de demostrar su potencialidad en el desarrollo de una educación superior no universitaria. Olvida tambíen que los confusos “compromisos” entre Lora Tamayo y Gual Villalbí a los que se refiere sin explicación alguna, no pueden ser otros que el pacto en el Gobierno de Franco -que el Dr. Estapé serviría durante el mandato del Dr. López Rodó como ministro- entre Gual y Lora ¡para la construcción del edificio de la Escuela! ¿Cómo iba Lora a desairar a Gual e impedirle desarrollar su sueño de dotar a Barcelona de una Escuela de formación de cuadros y directivos de las empresas?

Sobre la recuperación por la Ciudad Condal de su universidad, que Estapé atribuye a un “movimiento autónomo singular encabezado por Alberto Vila”, el ex-rector parece desconocer que la creación de la Universidad de Madrid y la restauración de la de Barcelona son dos grandes retos del liberalismo español desde el mismo momento de la aprobación de la Constitución de Cádiz. Ambas medidas fueron aprobadas durante el trienio liberal mediante acuerdo de las Cortes de 29 de junio de 1821, rubricado por el Rey el 10 de julio, relativo al Reglamento General de Instrucción Pública. La vuelta al absolutismo comportó el abrupto fin de ambos experimentos, que los liberales no pudieron proseguir hasta que en 1836 volvió a regir la Constitución de 1812 y se dictó la Real Orden de 29 de octubre de 1836. Las clases empezaron en Madrid el 29 de octubre de 1836 y en Barcelona, en octubre del año siguiente. En Cataluña, la reacción anti-liberal de los carlistas condujo a la creación de la Pontificia y Real Universidad de Solsona el 1 de marzo de 1838, trasladada en julio del mismo año al monasterio de Sant Pere de la Portella, donde ejerció sus actividades hasta el 15 de octubre de 1840.

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