La extrema derecha está encantada con la invitación al presidente Zapatero para dirigir el discurso central del Prayer Breakfast en el Hotel Hilton de Washington D.C. el próximo 4 de febrero. Les parece asombroso que un librepensador participe en un acto religioso. Mucha gente normal, conservadora o liberal, sin distinciones, está, por su parte, un poco desconcertada. Y, sin embargo, es muy sencillo. Basta leer la intervención del presidente Obama en la edición del año pasado, en la que se refiere a la igual dignidad y consideración que merecen todos los ciudadanos respetuosos de la democracia con independencia de que sean cristianos, judíos, musulmanes, budistas … o humanistas. Nunca el presidente Obama deja de mencionar a los no creyentes al describir el abanico de la libertad de conciencia, con lo que recupera la mejor tradición de los padres fundadores, como Franklin o Jefferson. En este marco, la oración o la plegaria no se concibe sólo como una deprecación a Dios, sino como una súplica, un ruego, una aspiración de naturaleza estrictamente humana cuyo destinatario se halla en el interior de cada persona y puede ser un dios de cualquier religión o un referente simbólico o un mero deseo compartido universalmente con todos. El breakfast no es un acto “religioso” en el sentido que esta expresión tiene en Europa y, desde luego, no es en absoluto un acto clerical. No se trata de rendir culto conforme a una religión concreta, sino de entrelazarse las manos por encima de las barreras que nos separan, como el propio presidente Obama expresó en su primer desayuno, al señalar que ninguna religión predica el odio como uno de sus dogmas fundacionales y que el-amor-al-otro es la regla áurea que comparten todas las convicciones religiosas y filosóficas. En este marco, considero un honor la presencia de un presidente español librepensador en el acto de Washington actuando como portavoz de quienes somos también librepensadores y de todos los creyentes, siempre y cuando unos y otros estemos firmemente comprometidos con la tolerancia.