Peregrino para honrar a Giordano Bruno al Campo dei Fiori de Roma. Los turistas, que comen bocadillos apoyados en la base del pedestal, y los basureros que limpian los restos del mercado me miran primero como si estuviera loco y después se apartan respetuosamente, aunque tengo para mí que, probablemente, estas personas tan educadas no sepan que el monje del monumento -un exponente de la Roma italiana substituta de la pontificia, que el Papa intentó sin éxito que retirara Mussolini- es un mártir del libre pensamiento.