Me hace reflexionar Oscar Wilde cuando declara que the tragedy of old age is not that one is old, but that one is young.

No me preocupa la vejez, pero me aterra la decrepitud. Amo la vida que puede experimentarse con plenitud, deseo morir más tarde que pronto durmiéndome sin dolor sentado en una silla de enea al suave sol de primavera, pero pondré fin a  mi vida cuando ésta, eventualmente, devenga inhumana, dependiente o insufrible.