El agua se asocia en la astrología tradicional a la sensibilidad y a la emotividad. La astrología no me ha parecido nunca nada más que un entretenimiento, pero he de aceptar que mi personalidad se halla intensamente dominada por la dimensión afectiva. Bebo -y quizás me purifico- en las aguas de las personas a las que quiero.

Mi forma de amar nace del conocimiento, del diálogo, del acercamiento intelectual, normalmente progresivo. Amo porque alguien descubre mi sensibilidad y porque compartimos una intimidad creativa, inteligente y hasta apasionada. Pero mi amor es de agua y no de fuego, nace del afecto y no del ardor o del entusiasmo. Admite desde luego, la pasión, pero intuye que el fuego es efímero y el agua, un río que fluye permanentemente.