http://www.elpais.com/articulo/opinion/Obediencia/derecho/malos/ejemplos/elpepuopi/20100828elpepiopi_5/Tes

Quien entienda en clave anticatalana el artículo publicado hoy en EL PAÍS por el profesor Peces Barba pecará, como mínimo, de ignorancia, de nacionalismo enfermizo y, probablemente, de mala fe. La ciudadanía  se construye sobre la obediencia al Derecho y el progreso político requiere el seguimiento de vías reformistas. Sin obediencia al Derecho sólo existe la barbarie, a salvo, como destaca Peces Barba, el derecho individual a la objeción de conciencia. A salvo, añado, la excepcionalidad de la desobediencia civil. Que los poderes públicos se comprometan a desobedecer las leyes produce un germen de destrucción de la república. En el mismo sentido, en la educación de los hijos, la falta de respeto hacia la escuela y sus maestros o la connivencia hasta la incitación a las excepciones en el cumplimiento de las reglas de convivencia socavan irremediablemente la comprensión de lo común, de lo público, como el espacio que hace posible el ejercicio para todos de las libertades.

He criticado, en materia tributaria, que los gobiernos respondan con la pataleta de un rápido cambio legislativo, hasta por el cauce excepcional del decreto-ley, cuando su postura sobre un tema concreto no ha sido refrendada por los Tribunales de Justicia. Mucho más he de sumarme a la crítica de quienes o pretenden disfrazar el desacato mediante atajos improvisados o, con total desfachatez, llaman al incumplimiento.

Hay cuestiones en nuestro Derecho vigente que no me gustan. Esto nos pasa a todos. Para avanzar hacia nuevas soluciones  tenemos el instrumento irrenunciable de la crítica, como motor de progreso. Y tenemos el arte de la política, definitivo substituto de la guerra, de la fuerza exorbitante de los poderosos y del efecto destructivo del populismo.