Cuando la ciudadanía le está confiando masivamente al Partido Popular el gobierno de casi todo lo posible -salvo en Cataluña y en el País Vasco-, nuestro futuro depende de que prevalezca la dormida alma demócrata conservadora (el signo innegable de las elecciones de ayer) sobre la imperante tendencia autoritaria, segregadora y, en algunos casos, corrupta (la tentación de la borrachera de poder de una minoría).