En Poyales del Hoyo no quieren memoria histórica, leo en EL PAÍS, tras varios días de noticias sobre el tema. El periodista escribe Memoria Histórica, pero a mí me bastan,  como casi siempre, las minúsculas. Cuando se promulgó la Ley me pidieron que la explicara en Gante y el público mostró un interés inusitado. Al volver,  localicé y llamé a un primo mío, al que no he visto nunca, secuelas de una postguerra inacabable, aunque nuestras abuelas eran hermanas, con la sana intención de recuperar la memoria de su abuelo, un ebanista libertario fusilado por los vencedores. La desmemoria hija del silencio y del miedo era tal que ya no hubo lugar a la memoria. De la ley no nace una causa general, como la seguida con saña contra los perdedores, sino que se auspicia el reconocimiento póstumo de la dignidad de cada persona y, cuando sea posible, un lugar adecuado para los restos o para las cenizas en un cementerio. Esto es lo que, ebrios, como dice la noticia, tratan de evitar cuatro concejales del Partido Popular y algunos secuaces en Poyales del Hoyo, con la connivencia del alcalde de “vacaciones”: intolerancia, impiedad y sacrilegio de los residuos de la España blanca.