El causticismo ilustrado de Félix de Azúa adquiere hoy tintes de un sensato realismo en EL PAÍS, “Contra Jeremías”: “Digámoslo con mayor brevedad. Pasó el tiempo de la riqueza inmerecida y ahora llega el tiempo de la pobreza que nos corresponde”. Llevo diciéndolo en clase y en intervenciones públicas desde hace dos años: “nos hallamos ante el abrupto descubrimiento de nuestra pobreza”. Avanza Azúa: “no sabremos qué hacer con la pobreza” . Concluyo: nuestra única tarea ya no es el sueño utópico justificador de la miseria y del “vuelva usted mañana” a ver si “los mercados” nos han sido propicios, sino, al contrario, la gestión creativa, sin lamentos, con imaginación, con la fuerza de un optimismo silencioso, de nuestra insoslayable pobreza. Una tarea para los hijos de Caín, imposible para los de Set, dedicados, como están, a entretenerse con los misterios del más allá.