Nacido en una familia suscrita a LA VANGUARDIA,  y suscriptor directo desde 1981, el diario de los Godó no ha dejado nunca de ser una lectura obligada todos los días de mi vida, aunque al mismo tiempo lea, al menos, EL PAÍS, al que también estoy suscrito. Aprendí a leer y a escribir en castellano con LA VANGUARDIA y ahora me duele que este diario haya bajado la guardia en cuanto a la calidad de su lenguaje. No cesan de aparecer faltas de ortografía o de sintaxis. La última, el pie de foto de la página 5 del suplemento VIVIR del domingo pasado, 13 de mayo: “Artur Mas y Elena Rakosnik estrenaron Shambhala [una atracción de Port Aventura] sentados a primera fila”.