La llamé anteayer. Hacía mucho tiempo que no sabía nada de ella y desconocía si alguien la habría avisado del fallecimiento de A. Ha alcanzado los 86 años. Está muy bien de salud y muy bien cuidada, pero ha perdido casi por completo la memoria. Ya no recuerda si tiene o no sobrinos en Barcelona, cómo se llaman y si se han casado o han tenido hijos. Le pregunté si había tenido noticias recientes de Barcelona y me dijo que creía que se había muerto un primo suyo… Está serena, habla muy bien, estuvo contenta de tender un delgado hilo de comunicación con un pasado desvanecido y un presente incognoscible.