Me oponía, en un artículo reciente, y no me resisto a transcribirlo aquí,   a la guerra de exterminio, por usar las palabras tan ilustrativas de Unamuno, entre los Hunos y los Hotros. El Huno y el Hotro existen para darse, mutuamente,  la fuerza absurda de su delirio de odio. No desean el fin del conflicto sino que se alimentan de él. Cuando alguien cae tan bajo como para basar su ideología o sus creencias en el odio al Hotro, es que es un Huno, alguien que ha hecho de la extensión del miedo su razón de vida y del pillaje al Hotro  su única industria. El Hotro es el mismo Huno, la misma barbarie, pero con un pelaje, una bandera o unas creencias opuestas. Hunos y Hotros coinciden en creerse que están en el lado de los “buenos” a la par que quienes no están con ellos son los “malos”.