En Contraposición.org

 

 

 

Estoy en Lausanne durante el fin de semana. Esta mañana,  al descorrer las cortinas de mi habitación, he visto el lago, habitualmente bello, pero hoy anormalmente gris, cubierto de una espesa niebla. Creo que es la niebla que ha caído sobre Europa tras la muerte violenta salvaje e injusta de tantos de nuestros conciudadanos anoche en París.

La sangre fría mostrada por los asesinos, la operación medida hasta el último extremo y esa actitud del hombre que se suicida con el objetivo de matar  significa un terrible jarro de agua fría sobre todos los hombres y mujeres de buena voluntad que estamos tratando de construir un mundo para todos, en el que sea posible vivir juntos. Es muy difícil en esta mañana sabatina ir a las raíces del problema y diagnosticar esa grave enfermedad que nos afecta para tratar luego de realizar un diagnóstico, un diagnostico nuevo que nos lleve a construir nuevas políticas inteligentes destinadas a hacer posible la paz.

No… lo que ocurrió anoche me produjo un profundo dolor porque se han segado vidas humanas y el dolor es más intenso porque se han segado muy cerca de nosotros. Las mismas calles en las que pasean tantos de nuestros amigos. El mismo Boulevard Voltaire donde paseaba  el domingo pasado. Hoy es un día para el dolor y también es un día para el rechazo hacia los que pretenden arrimar el agua a su molino y proponen medidas drásticas para recortar el derecho a las libertades, incrementar el rechazo al que es distinto, hacia el otro, el que tiene una religión diferente, al emigrado, al refugiado.

Hoy es un día para denunciar a los que quieren hacer su agosto a costa del dolor de los demás. Hoy es un día para el silencio. Para el duelo y también para una reflexión interna para ver lo que hacemos cada uno nosotros para la solución y no para ser un elemento más del problema. Insisto, hoy es un día para el silencio y para reprimir cualquier expresión de ira. Mañana… mañana el mundo debería ser distinto y capaz de descubrir  la aspiración de gozar de un espacio de libertad, seguridad y justicia en el solar europeo. Pero también de que el mundo entero comparta la libertad, la seguridad y la justicia.

Algo que no va a obtenerse desde nuestra pasividad ni desde el encierro en nuestras  fronteras de nuestra tribu, nación o cualquier otra entidad política. Que no va a obtenerse de la política tradicional, sino que va a requerir un esfuerzo de construcción de una Unión Europea federal dotada de los instrumentos que la ciencia política pone  al servicio precisamente de la construcción de la libertad, la seguridad y la justicia.

No podemos continuar viviendo ni en la falsa tranquilidad que para algunos es la difusión de sentimientos xenófobos,  ni en la inocencia de que sin  hacer nada las cosas se arreglan solas.

Hay que dotar a la UE de las potestades que en el derecho le permitan contar con la ayuda de toda la ciudadanía para garantizar la seguridad,  impartir justicia y gozar de  libertad.

Nada de todo esto se conseguirá sin un cambio radical, sin una alianza de las fuerzas políticas que constituyen la línea principal de pensamiento europeo y sin cambio de las prioridades que empiecen a otorgar a algunos de estos problemas la prioridad que merecen.

Y al final Europa ha de ser una potencia con la fuerza suficiente pero también con la inteligencia y la diplomacia necesarias, como para que su voz sea oída y respetada.

 

 

 

Dictado en un mensaje de voz remitido a Antonio Campos en La Coruña, en la mañana del sábado, 14 de noviembre de 2015, para su publicación en CONTRAPOSICIÓN. Esta versión incluye sólo ligeros retoques.