Vestirse para ir al teatro, a la ópera o a un concierto es una forma de respeto a los artistas y al Arte. Vestirse para ir a una gala cinematográfica es una muestra de complicidad con el mundo del cine, con una industria que vive de los espectadores. Vestirse como requieren los anfitriones de cualquier acontecimiento es signo de buena educación. Es así de sencillo. Y a lo mejor un día el tema deja de ser polémico.