Leo en LA VANGUARDIA que el presidente Macri ha ordenado varias “limpiezas energéticas” en la Casa Rosada. Se lo comento a una amiga y me dice que ella también hubiera querido ahuyentar los fantasmas de Cristina. En fin, sea como sea, conocí a un grupo de abogados que querían apoderarse de la Firma en la que trabajaban. Además de las descalificaciones personales, las injurias y las calumnias -los métodos clásicos-, añadieron uno, cuanto menos, peculiar: encargaron varias “limpiezas energéticas” que los aprendices de brujo perpetraban a las siete de la mañana. Me lo ha recordado ahora Macri. Por aquella época a uno de los competidores del grupo disidente le elgieron para un cargo representativo. Los conspiradores lo atribuyeron a “un pacto con el lado oscuro”. Fracasaron en todos sus empeños. Tengo un gran respeto por todas las mujeres quemadas por brujas a lo largo de la Historia, porque no eran brujas, sino mujeres libres. Y el sentimiento contrario, por las falsas brujas del presente, a las que les corresponde, ciertamente, el cuarto significado del WordReference.com, aunque no aparezca en la edición vigente del Diccionario de la RAE.