Xavier Vidal-Folch, hoy, en EL PAÍS, lamentablemente, tiene toda la razón del  mundo. En 35 años de autonomía, hemos despreciado el proyecto del presidente Tarradellas, que comenzó a gestar, el profesor Bricall, y nos hemos conformado con la mediocridad: El pujolismo pudo optar entre generar unos altos cuerpos de calidad propios, o enviar cachorros becados a formarse e infiltrarse en los ajenos exigiendo a cambio servicios a la Generalitat durante un plazo. No hizo ni lo uno ni lo otro. Prefirió actuar como agencia de colocación de segundones, arribistas y otros inútiles (alguno eficaz se coló), siempre que fuesen dels nostres.