Quieren quitar el busto de Samaranch de la Casa Consistorial (de los periódicos)

Nunca le tuve simpatía alguna a Juan Antonio Samaranch. Fue un falangista trepador, un lacayo de Franco, un cómplice de la dictadura y un turiferario del Régimen al que sirvió para servirse a sí mismo. Un personaje que se ponía el uniforme blanco de Falange y la camisa azul en 1974, ¡cuando hasta Fraga parecía un liberal comparado con él! Pero la Historia no puede alterarse: su presidencia del COI y su alianza con Serra y Maragall permitieron la celebración de los Juegos de 1992. Y sin aquellos Juegos hoy Barcelona sería distinta, más pobre, más sucia, menos capaz de realizar políticas públicas y de contribuir a la creación y a la distribución de riqueza. La Historia fue así y está justamente representada en un busto que ha de permanecer. Sin que ello signifique comulgar con ruedas de molino.